domingo, 21 de septiembre de 2008

Transnistria

Tras los recientes casos de Kosovo y Osetia del Sur,  se avecinan más cambios en el estatus de un estado europeo. En este caso no estaríamos hablando de secesión, sino de reunificación. Me estoy refiriendo a la República Moldava de Transnistria, República Moldava Pridnestroviana o Transnistria para los amigos.

Transnistria es uno de los agujeros negros que quedan aún en Europa. Se trata de un territorio situado al Este de Moldavia (de hecho pertenece según la legalidad internacional a la República Moldava) en la frontera con Ucrania. Tiene una extensión de unos 4.000 km2 que discurren a lo largo del río Dniéster (de ahí su nombre) y una población de 500.000 personas. Su capital es Tiráspol y los idiomas más utilizados son el moldavo, el ruso y el ucraniano.

Hablaba antes de reunificación, porque aunque para todos los organismos internacionales este territorio pertenece a Moldavia, en realidad, se trata de una república autoproclamada independiente a todos los efectos desde 1990, un año antes de la independencia de Moldavia de la URSS. Es decir, Transnistria se autogestiona y dispone de todos los elementos propios de una nación soberana: moneda (rublo), bandera, escudo, policía e incluso ejército: un residuo del 14º Ejército Soviético que se hallaba emplazado en Tiráspol durante la época soviética.




La razón de que los pridnestrovianos (así se le llama a la muchachada que vive allí) no quisieran vivir con los moldavos es sencilla (o no). La población de este territorio, que pertenecía a la República Socialista Soviética de Moldavia en tiempos de la URSS, se componía en su mayoría de ciudadanos de habla eslava y rusófila (ucranianos y rusos), existiendo una minoría de origen rumano. Mientras, en el resto de Moldavia, la mayoría de la población la formaban rumanohablantes.

Al oeste del Dniester eran partidarios de la unión de Moldavia y Rumanía. Por supuesto los eslavos de Transnistria no querían ni oir hablar de ninguna unión. Es decir, lo de siempre, dos etnias, con distintos orígenes, lenguas, religiones, etc., son incapaces de buscar entendimientos y se lían a tortas. Así, en 1992 comenzó una guerra civil en Transnistria, que acabó venciendo el sector rusófilo, que contaba con la colaboración del ejército ruso.

Han pasado 16 años de aquella guerra y Transnistria sigue estando en el limbo. Ni siquiera sus aliados rusos han reconocido como estado independiente a esta pseudorepública. Actualmente, Moldavia y Transnitria son dos de las regiones menos desarrolladas de Europa. Ambas se necesitan: Moldavia necesita los recursos naturales y la industria de Transnistria. Mientras, los transnistrios, que viven en un país dominado por las mafias, con dirigentes corruptos (siguen los dirigentes comunistas de hace 20 años) y con uno de los peores PIB per cápita del continente, necesitan del amparo de Chisinau (capital de Moldavia) para comenzar su transición hacia el primer mundo.

Esto es lo que escribía ayer Félix Flores en La Vanguardia del gobierno transnistrio:

"Aunque con todos los atributos formales de un Estado, Transnistria es inviable como tal. Se trata más bien de una finca gobernada por un cejudo ex director de fábrica junto a un par de policías de oscuro pasado y otros tipos por el estilo. Esta alegre pandilla no se gasta un rublo transnistrio (0,13 euros) en muebles para unos despachos gubernamentales que parecen garitos de timbas clandestinas. Conservando los símbolos de la URSS, se dedicaron a decir a la población (oficialmente medio millón) que todo sigue igual. Desfiles, orden público, adolescentes educados y licorerías abiertas las 24 horas."



Tras varios intentos fallidos de reconciliación entre las dos comunidades, parece que en esta ocasión el entendimiento está cercano. Al parecer el impulso que ha dado Rusia al proceso ha sido clave (éxito diplomático ruso tras el fiasco en Kosovo), y las dos capitales (Chisnau y Tiraspol) andan cerca del estrechón de manos. La solución, la creación de una autonomía para Transnistria con multitud de competencias: desde la educación, hasta la sanidad, pasando por leyes especiales e impuestos propios. La condición que ha puesto Rusia: que Moldavia asuma un rol de neutralidad, y no forme parte de organizaciones de Medvédev considera hostiles (OTAN, por ejemplo). La esperanza del gobierno moldavo: una futura integración en la Unión Europea, que hoy por hoy parece inviable. El papel de la Unión Europea en todo esto: no pueden poner trabas a la neutralidad de Moldavia frente a Rusia; al fin y al cabo, por una vez, Rusia ha utilizado la diplomacia en lugar del tortazo y el conflicto puede resolverse de forma pacífica.

PD1. ¿Que cómo llegué a interesarme por este pequeño país? Por supuesto, a través del fútbol. El Sheriff Tiráspol es el equipo del país y uno de sus símbolos.


PD2. Increíble la experiencia que cuentan desde este blog de viajes, tras su estancia en Tiráspol.

PD3. Ver más: CIDOB

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por esta breve reseña a modo de resumen de este conflicto olvidado
No es plato de buen gusto estar a merced de Rusia pero este tipo de situaciones es comprensible y asimilables a otras imoportantes minorias rusas como por ejemplo el este de Ucrania o el enclave este de Kalingrado
Por cierto no está de mas sacar a relucir una tercera etnia en liz en este país y tambien con deseos autonomistas (para que luego digan de los nacionalismos del estado español,...) El tercer actor lo juegan los turcos gaguzi que deben ser algo así como turcos cristianos

Pero en fin este es uno de essas situaciones ed las que solo sabemos cuando se arma la de dios es cristo (leas las revueltas en Uzbekistan, lo de georgia Armenia contra Azerbayan,...
nA mas y un saludo, ya tengo ojea el listao de las pelis y casi seleccionada alguna , como por ejemplo la de omagh

Lagartodeldesierto dijo...

Tiene que ser la hostia visitar Tiráspol. Uno de los últimos reductos comunistas puros que quedan en el globo. Dicen que la policía de frontera es de cómic de Mortadelo y Filemón :)
De los gaguzi esos no había oído.

En cuanto tengas lo de las pelis, me dices.